Los dueños del Mundo desean un ataque en Siria

Publicado: junio 30, 2012 en Uncategorized

Por Roberto García Hernández

Las amenazas de represalias por parte de Ankara y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), renuevan el debate sobre la posibilidad de una acción militar directa o indirecta de Estados Unidos y sus aliados contra el Gobierno de Damasco.

  El primer ministro Recep Tayyip Erdogan dijo que el derribo de un avión militar turco sobre territorio sirio fue un acto deliberado, y que cualquier aproximación de fuerzas militares de Damasco será percibida como una amenaza y se tomarán las medidas necesarias para rechazarla. Medios de prensa europeos refieren que los militares turcos han trasladado unidades blindadas a sectores fronterizos con el vecino país árabe.

Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, apoyó las posiciones de Ankara, y calificó el derribo del avión como una medida completamente inaceptable.

El presidente Barack Obama, la Secretaria de Estado Hillary Clinton, el Secretario de Defensa Leon Panetta, y otros funcionarios han proclamado en las últimas semanas la posibilidad de una acción militar directa o indirecta contra el gobierno de Siria.

El senador republicano por Arizona John McCain, excandidato republicano, ha solicitado en varias ocasiones, durante este año, una intervención militar de Estados Unidos en ese país árabe, lo que algunos especialistas interpretan como el sentir de los sectores más reaccionarios de la política de Washington.

La Casa Blanca acusa a Damasco de llevar a cabo acciones represivas contra la población civil y, desde hace más de un año, ha incrementado las sanciones y acciones subversivas de todo tipo contra el presidente Bashar Al Assad.

De acuerdo con especialistas, la principal preocupación de Washington es su apoyo a la causa palestina y la tradicional política siria de rechazo al papel de Israel en la región del Medio Oriente.

Medios de prensa han confirmado en los últimos días que el Pentágono ha finalizado sus planes de contingencia para dicha operación, que contaría con el apoyo de sus aliados europeos y árabes.

El mando militar incrementó sus actividades de espionaje con el empleo de los llamados drones o aviones no tripulados y a través de satélites.

En Washington, expertos consideran que el suministro de armas a la oposición constituye la mejor táctica y la menos riesgosa, en el objetivo de derrocar al gobierno del presidente Al Assad.

Según el diario The New York Times, un grupo de oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) trabaja desde hace varias semanas en el sur de Turquía -que comparte unos 800 kilómetros de frontera con Siria- en la entrega de armas e información a los grupos contra el gobierno de Damasco.

El rotativo afirma que las armas, pagadas por los gobiernos de Ankara, Arabia Saudita y Catar, incluyen fusiles automáticos, lanzagranadas, municiones y armamento antitanque, y que llegan a territorio sirio a través de Turquía principalmente.

Esta misión de la CIA es el caso más evidente y detallado del apoyo de Washington a la campaña militar contra el presidente Al Assad y un intento por incrementar las presiones contra Damasco, reconoce el periódico neoyorquino.

Otras opciones agresivas contra Siria que parecen latentes son la imposición de una zona de exclusión aérea y una especie de bloqueo marítimo parcial o total, acciones ilegales que no cuentan, al menos todavía, con el mandato de Naciones Unidas.

Especialistas señalan la posibilidad de que Estados Unidos y sus aliados realicen golpes punitivos contra blancos seleccionados en territorio sirio, con la aviación y los medios de ataque de las fuerzas navales ubicadas en la región.

Informaciones de prensa confirman que agentes estadounidenses presionan en el terreno directamente a algunos de los jefes de las principales unidades militares sirias para que abandonen sus puestos y se rebelen contra el gobierno.

En este contexto, la posición de Rusia resulta un escollo para los planes bélicos de la Casa Blanca.

Los diarios The Washington Post y The New York Times coinciden en destacar el ambiente de frustración que se percibió después de la entrevista del presidente de Rusia, Vladimir Putin, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, en la Cumbre del G-20.

Al parecer Obama insistió en que la salida del presidente Assad del gobierno es la única vía para solucionar la crisis.

En medio de la campaña electoral en Estados Unidos, la llamada gran prensa estadounidense reconoce que resulta muy difícil para la Casa Blanca evaluar con precisión hasta qué punto resultaría favorable una acción militar directa o indirecta.

Uno de los elementos que se tendrían en cuenta, tanto en Washington como en las capitales europeas, para llevar a cabo una acción bélica contra Siria, sería el nivel de apoyo interno a una medida de este tipo.

Según la encuesta más reciente de la cadena CNN, solo el 33 por ciento de los estadounidenses apoya una intervención militar de Washington contra el gobierno de Assad.

El diario inglés The Guardian señaló que el 52 por ciento de los franceses y el 65 por ciento de los españoles respaldan una eventual intervención. En Alemania e Italia, la aprobación alcanza 45 y 43 por ciento, respectivamente.

Expertos militares señalan que las evaluaciones preliminares del Pentágono y la CIA sugieren que una campaña prolongada sería una misión complicada, provocaría muchas bajas civiles, con “daños colaterales” que tendrían un alto nivel de muertes y un considerable costo político para los agresores.

Las próximas elecciones presidenciales de noviembre y los temores de la opinión pública estadounidense ante el resultado incierto de una nueva contienda militar, son factores que obstaculizan una decisión política para intervenir militarmente en Siria.

Por todo eso, los elementos que intervienen en el proceso de toma de decisiones en la Casa Blanca tendrían que evaluar los pro y los contra de una operación militar de esta envergadura para evitar que, desde el punto de vista político, al propio presidente Obama haya que sumarlo a la lista de las víctimas de los llamados daños colaterales.

* Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.

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